Desafíos y propuestas del sector interreligioso en la crisis del COVID-19

“El mundo no está en pausa, está en renovación”. Esas fueron palabras de Nathalie Töpperwien, representante de ACT-Iglesia Sueca, la cual apoya al sector interreligioso de América Latina en la ardua labor para aportar al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

En tiempos del Covid-19, comunidades y organizaciones religiosas tienen la tarea de aportar acciones que lleven a la humanidad a vivir la crisis de una manera menos compleja y sin olvidar que, antes de la pandemia, ya existían múltiples conflictos y necesidades que ahora se agravan; así lo manifestaron diferentes líderes de Iglesias y organizaciones que hacen parte de la Plataforma Interreligiosa Fe y Desarrollo, en el encuentro virtual llamado “Desafíos y propuestas del sector interreligioso en la crisis del COVID-19”, realizado el pasado 20 de mayo de 2020.

Las crisis dejan a la vista las falencias más latentes, por eso se hace evidente la pobreza, se siguen olvidando comunidades históricamente rechazadas y la lucha por la igualdad de género parece pasar a un segundo plano, la educación sigue siendo un privilegio de pocos y la salud, siendo un derecho fundamental, no siempre está garantizada. Es frente a todo esto que el sector interreligioso juega un papel fundamental, pues su voz se debe alzar para recordarle a la sociedad que la defensa de los derechos humanos jamás descansa y que la dignidad humana siempre tendrá que ser el eje central del accionar del Estado.

Welinton Pereira, Director de Advocacy y Relaciones Interinstitucionales de la organización World Vision, en Brasil, destaca que las acciones que se realicen deben enforcarse al bienestar y el beneficio de la humanidad, ese es el mayor indicador de que el desarrollo está siendo sostenible e integral; lo contrario significaría un atraso en el trabajo realizado durante años. En el contexto de la pandemia se necesita replantear/reevaluar cuáles son los desafíos en todos los países para el cumplimiento de los ODS.

Para Nathalie, los lazos comunitarios son trascendentales y marcan una diferencia en cómo las personas viven las crisis. El contacto humano, aún a la distancia, se convierte en alivio y salvación tanto personal como colectiva; el acompañamiento debe ser esencial para enfrentar dificultades, pues todos viven el Covid-19 de manera distinta debido a sus contextos, a su realidad y a su capacidad de resiliencia y resistencia.

Por otro lado, los proyectos e iniciativas internacionales y nacionales no pueden parar ahora. Hay que sostener una posición crítica frente a la coyuntura social, económica y política, así lo expresó Jhon Martínez, del Centro Regional Ecuménico de Asesoría y Servicio-CREAS. Por eso el mundo no está en pausa, está en renovación, este tiempo es una oportunidad para crear, planear y replantear la casa común que se quiere tener después del momento más delicado del Covid-19. Así mismo, como lo expresó Eduardo Martínez, Coordinador de la iniciativa Despertando al Gigante, en Colombia, los proyectos que se realicen en los países en proceso de desarrollo tienen el reto de atacar los problemas estructurales para mitigar el impacto negativo de crisis como la que ahora vivimos. El reto es lograr que las personas gocen y tengan garantía de los derechos en su totalidad.

El sector interreligioso sigue y seguirá acompañando y sirviendo por medio de labores sociales que generen esperanza en las comunidades, que les permita vivir dignamente y conscientes de ser sujetos de derechos. También seguirá trabajando en el fortalecimiento de lazos comunitarios basados en el respeto, el amor y la fe. Así mismo, se le hace un llamado a la sociedad civil a ser agentes que apoyen todas las formas de crecimiento pleno del mundo y a ser propositivos y partícipes de los cambios positivos que se deben generar una vez pase la pandemia actual.

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